Cuando estás mal, cuando lo ves todo negro, cuando no tienes nada que perder y tampoco nada que ganar, cuando cada instante es un peso enorme, insostenible. Resoplas todo el tiempo y querrías liberarte como sea. De cualquier forma, de la más simple,incluso de la más cobarde, sin dejar de nuevo para mañana este pensamiento: <<El ya no está.>> Ya no está. Entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú. Desaparecer. Plaf. Ese día hubieras querido encontrar a uno de esos magos que colocan un pañuelo sobre una paloma y, paf, de repente ya no está. Ya no está y basta.
Ha pasado el tiempo. Dos años. Y ahora saboreo una copa y acordándome de cómo me hubiera gustado ser esa paloma, sonrío y me siento un poco avergonzada. Un inmenso ruido envuelto en silencio. O los recuerdos se me ha subido o es el dolor de ese amor aún no olvidado.
Ya no entiendo nada..